El Universo es caprichoso. Se empeña en subirte tan alto como puedas llegar, para demostrarte más tarde, lo bajo que puedes llegar a caer. No soy mujer de extremos. Quizá porqué los conozco demasiado bien, y a estas alturas del peliculón, tengo la sensación que no sirven de mucho en esta gran escuela que es la vida. Hoy aquí, y mañana allí. La Vida nos estruja, nos pone al límite… nos muestra constantemente lo vulnerables que podemos llegar a ser.. Algunas veces nos salvamos, y otras pagamos doble. Si estamos cerrados, los caminos se vuelven más estrechos. Si somos “como el agua”, las posibilidades se multiplican. Lo importante es disfrutar y crear en la medida de lo posible tus propias reglas.

En cambio, sí soy mujer de contradicciones sostenibles. Haber sido víctima, me ha hecho no querer ser verdugo. Con veinte me creía Dios. Con treinta me siento pequeña y grande a la vez, humilde y consciente del esfuerzo que cuesta conseguir las cosas. Lo poco o mucho que tengo, lo he construido con mucho trabajo. Por eso no permito que nadie lo destruya, y menos con palabras. Soltar mierda por la boca es gratis y luchar contra viento y marea por sacar adelante tus proyectos, es muy duro. Hace falta mucho tesón y amor que lo sostenga. Estar muy abajo, me recuerda lo mucho que quiero subir. Sí, mucho. Pero no más alto de lo que pueda soportar por si me precipito al vacío. Qué locura de profesión he elegido. A cada paso me encuentro un poquito más. Cada día me conozco un poco mejor… y me sigo sorprendiendo a mí misma en un punto intermedio, cuando he de tomar una decisión. Si voy hacia un lado, cercana a convertirme en mártir. Si voy hacia el otro, cercana a convertirme en una “hija de puta”. Sino decido hoy, me quedo del lado de la incertidumbre y la desidia…. Ufffff

Será que hay momentos en los que es mejor no tomar decisiones? Definitivamente, sí. Hoy te diría que no… Pero mañana puede ser que sí…