(Artículo publicado en Diario Crítico el 5 de Julio de 2018)

 

Vivimos inmersos en un tremendo caos informativo. Perdidos entre la inmensa basura digital y la más cruel de las desinformaciones. Lejos de tratar de aunar y entender puntos de vista distintos a los nuestros, nos dejamos llevar por aquellos que confirmar nuestra delicada percepción sobre los asuntos. Fluímos vagamente reafirmando lo que en psicología se llama “atención selectiva” y que confirma nuestras pocas ganas de pensar, anulando cualquier acto de pensamiento crítico en pos del postureo cutre de “corta-pega”.

Que surge algo importante contrario a los intereses de los grandes Lobbys… Rápidamente brota la guerra desinformativa y los ejércitos de bots, vacíos e inexistentes, comprados a golpe de tarjeta de crédito para confundir a la gente escasa de tiempo y sobrepasada por los problemas diarios. Para qué dar más vueltas a algo si lo explica una mentira.

Las tinieblas informativas pasan por detectar a las verdaderas figuras importantes de cultura, arte y pensamiento de entre los “fakes” que se atribuyen lineas escritas y trabajos artísticos, masticados previamente ya por otros, sin poder ofrecer nada más a cambio.
Guerras de conceptos que seducen y se emplean desde el lado opuesto para confundir. Ideas copiadas en su forma, pero sin acercárseles nunca al fondo. Para eso se necesitaría más de una vida que ya nació condenada al fast food mediático.

Entre tanto jaleo conceptual y de connotaciones, suele ganar en primera instancia el poderoso y perder la minoría. Esos que tienen de su lado los grandes medios de comunicación. Pero no subestimen el poder de la minoría… y mucho menos del contrario.

Pasará a la historia este momento social por encumbrar a grandes “gilipollas” como estrellas mediáticas, a tontos útiles como influencers, a mediocres con poco que añadir y mucho que criticar, todo en pos de una audiencia que esperemos pronto, deje de buscar falsos mesías para retomar su juicio crítico.

Si ya me preocupaban las opiniones vagas y poco formadas en torno a cuestiones triviales y vitales, no se imaginan la ansiedad que me genera que se pueda comprar, como en redes sociales, la opinión de la gente disfrazada de tendencia. Y por encima de aquello, que uds. se lo crean.

¿Qué podemos esperar de un mundo donde con dinero se puede comprar “casi” todo?
Sólo hemos de recordar el tipo de personajes de terror que gobiernan las principales potencias del Mundo. Y digo casi. Porque todavía hay algo que no compra el dinero: la credibilidad, la dignidad y el respeto.

Bueno. Rectifico. También pueden comprarse. Y destruirse.

Lo único que nadie nunca podrá comprar es tu pensamiento crítico.

Todavía. De momento. (…)

 

..."Y tú no piensas..."

…”Y tú no piensas…”